Ahora que Iván Cepeda
ha reconocido los resultados electorales, quiero proponer algunas reflexiones
preliminares a modo de balance y perspectivas:
1. No comparto la
lectura según la cual la derrota del 21 de junio se debe al presidente Petro.
Sin dejar de reconocer los errores del gobierno, la forma como se manejaron los
escándalos de corrupción, etc, me parece que la lectura debería ser la contraria:
para bien o para mal, llegamos hasta donde estamos y logramos este histórico
resultado de más de 12 millones de personas apoyando un proyecto progresista
precisamente gracias a Petro; en estos 4 años se logró consolidar e incluso
ampliar la base social y política de las izquierdas y el progresismo. Nunca
antes habíamos sido tantos, en un país que históricamente ha estado dibujado
por la política anticomunista: Romper ese cerco reaccionario no se reduce a
ganar de forma consecutiva elecciones, ni se puede pretender que, de la noche a
la mañana, el país deje de ser lo que las élites han creado de él.
2. La sensación de
incertidumbre que rodea la situación actual, es producto de que con la victoria
de Abelardo se abre una nueva situación política, que está atravesada por el
estrecho margen de victoria. Si el triunfo de Abelardo hubiese sido por una diferencia
importante, creo que el panorama estaría más claro desde el punto de vista de
lo que podríamos esperar. No obstante, con la victoria tan apretada, se abre
una situación en la que esa extrema derecha tiene el apoyo de Trump, no solo
simbólico sino poder de injerencia directa, lo cual los puede envalentonar para
tomar decisiones irresponsables que conduzcan a que el ambiente político se
vuelva más hostil e inestable; como ha señalado el senador Ariel Ávila, un
rasgo de esas derechas es que cumplen lo que dicen, de modo que no se puede
esperar que De La Espriella vaya a renunciar a la agenda contrarreformista y
represora que prometió. Otra cosa es que lo pueda hacer.
3. De otro lado, el
hecho de que hayamos perdido pero creciendo, y representando la mitad del país,
crea el estímulo para volver a la política de movilización que puede conducir a
una alta conflictividad social callejera, que puede ser reprimida con dureza.
La experiencia ecuatoriana muestra que ante los focos de lucha y movilizaciones
en algunas zonas del país, Noboa reaccionó con represiones muy fuertes y muy
rápidas, buscando que el movimiento no lograse un impacto nacional, todo ello
con la ayuda de Estados Unidos y de Argentina en términos de apoyo logístico
para reprimir. También el espejo de Kast en Chile es importante: apenas unos
pocos meses después de ganar, enfrenta sendas protestas, porque ha intentado
desarrollar una agresiva agenda contrarreformista. Aquí en Colombia tenemos a
la mitad del país dispuesta a luchar para evitar que las conquistas sociales se
reviertan, y ese es un activo político y social muy importante, y una bancada
en el congreso que nunca antes había sido tan numerosa, que debe reflejarse en
las elecciones del próximo año. Tenemos que ir por el poder regional.
4. Las zonas apartadas
que por fin vieron inversiones por parte de un gobierno nacional, respondieron.
Los resultados en Putumayo, Cauca, Nariño, etc, muestran que la gente fue fiel
al espíritu de cambio, pero eso no fue suficiente para revertir la situación,
básicamente porque Bogotá, donde está el supuesto "electorado más culto
del país", no respondió: la diferencia con Abelardo fue apenas de un poco
más de 300 mil votos, lo cual no permitió revertir la diferencia en las zonas
donde históricamente nos va mal, como Antioquia, donde Espriella nos sacó un
millón cien mil votos.
5. continuando con el
punto anterior, el electorado "más culto del país" se corrió a la
derecha; el primer campanazo fueron los resultados de las elecciones a los
Consejos Municipales de Juventud, donde el Centro Democrático ganó ampliamente,
mientras el Verde y el Pacto apenas sobrevivieron. Y a este viraje a la derecha
del electorado bogotano ha que hacerle un zoom. ¿Cómo explicar que una ciudad
como Bogotá, que se beneficia tanto de las políticas salariales dado que es una
de las que mayores niveles de formalidad tiene, se haya corrido a la derecha?
Para mí, el elemento central es la crisis de seguridad, que aunque se agudizó
durante dos gobiernos de centro (López y Galán), no podía desligarse de las
políticas de seguridad a nivel nacional, que fue uno de los grandes talones de
aquiles del gobierno Petro. Entre la izquierda y la extrema derecha se fustigó
sin tregua a la inoperancia de Carlos Galán, pero no le disputamos
programáticamente ese tema a la derecha y le dejamos ese espacio para que ellos
lo llenaran.
6. Si la izquierda no
se pone seria a construir un programa y un discurso en materia de seguridad, va
a ser difícil que esas capas medias, tan aspiracionales como paranoicas de
perder lo conquistado, nos puedan apoyar. Y para ello, la izquierda debe ofrecer
un programa y un discurso que vaya más allá del discurso de que la inseguridad
se combate con inversión social. Es cierto que la médula del problema es ese y
la desigualdad y resentimiento social que ella provoca, pero en el corto plazo,
mientras la inversión social hace lo suyo, se necesita una política para
combatir el crimen, porque finalmente en muchos casos las víctimas del crimen
también son gente del común y no "ricos" u "oligarcas";
sumado a ello, una política seria de combate a la impunidad, y una verdadera
política de resocialización.
7. En todo caso, no podemos dejar contagiarnos por el pesimismo. Precisamente las derechas económicas, sociales y políticas nos quieren llevar a creer que su victoria fue contundente, sin atenuantes, y eso no es así. Hoy las izquierdas y sectores democráticos cuentan con más herramientas, más experiencia, más capacidad y mayor cobertura nacional como para desarrollar una agenda de oposición a los intentos autoritarios del nuevo gobierno. Aquí nadie debe bajar la cabeza. No hay tiempo para el pesimismo!
Publicar un comentario