Por: Edwin Martínez

Ahora que Iván Cepeda ha reconocido los resultados electorales, quiero proponer algunas reflexiones preliminares a modo de balance y perspectivas:

1. No comparto la lectura según la cual la derrota del 21 de junio se debe al presidente Petro. Sin dejar de reconocer los errores del gobierno, la forma como se manejaron los escándalos de corrupción, etc, me parece que la lectura debería ser la contraria: para bien o para mal, llegamos hasta donde estamos y logramos este histórico resultado de más de 12 millones de personas apoyando un proyecto progresista precisamente gracias a Petro; en estos 4 años se logró consolidar e incluso ampliar la base social y política de las izquierdas y el progresismo. Nunca antes habíamos sido tantos, en un país que históricamente ha estado dibujado por la política anticomunista: Romper ese cerco reaccionario no se reduce a ganar de forma consecutiva elecciones, ni se puede pretender que, de la noche a la mañana, el país deje de ser lo que las élites han creado de él.

2. La sensación de incertidumbre que rodea la situación actual, es producto de que con la victoria de Abelardo se abre una nueva situación política, que está atravesada por el estrecho margen de victoria. Si el triunfo de Abelardo hubiese sido por una diferencia importante, creo que el panorama estaría más claro desde el punto de vista de lo que podríamos esperar. No obstante, con la victoria tan apretada, se abre una situación en la que esa extrema derecha tiene el apoyo de Trump, no solo simbólico sino poder de injerencia directa, lo cual los puede envalentonar para tomar decisiones irresponsables que conduzcan a que el ambiente político se vuelva más hostil e inestable; como ha señalado el senador Ariel Ávila, un rasgo de esas derechas es que cumplen lo que dicen, de modo que no se puede esperar que De La Espriella vaya a renunciar a la agenda contrarreformista y represora que prometió. Otra cosa es que lo pueda hacer.

3. De otro lado, el hecho de que hayamos perdido pero creciendo, y representando la mitad del país, crea el estímulo para volver a la política de movilización que puede conducir a una alta conflictividad social callejera, que puede ser reprimida con dureza. La experiencia ecuatoriana muestra que ante los focos de lucha y movilizaciones en algunas zonas del país, Noboa reaccionó con represiones muy fuertes y muy rápidas, buscando que el movimiento no lograse un impacto nacional, todo ello con la ayuda de Estados Unidos y de Argentina en términos de apoyo logístico para reprimir. También el espejo de Kast en Chile es importante: apenas unos pocos meses después de ganar, enfrenta sendas protestas, porque ha intentado desarrollar una agresiva agenda contrarreformista. Aquí en Colombia tenemos a la mitad del país dispuesta a luchar para evitar que las conquistas sociales se reviertan, y ese es un activo político y social muy importante, y una bancada en el congreso que nunca antes había sido tan numerosa, que debe reflejarse en las elecciones del próximo año. Tenemos que ir por el poder regional.

4. Las zonas apartadas que por fin vieron inversiones por parte de un gobierno nacional, respondieron. Los resultados en Putumayo, Cauca, Nariño, etc, muestran que la gente fue fiel al espíritu de cambio, pero eso no fue suficiente para revertir la situación, básicamente porque Bogotá, donde está el supuesto "electorado más culto del país", no respondió: la diferencia con Abelardo fue apenas de un poco más de 300 mil votos, lo cual no permitió revertir la diferencia en las zonas donde históricamente nos va mal, como Antioquia, donde Espriella nos sacó un millón cien mil votos.

5. continuando con el punto anterior, el electorado "más culto del país" se corrió a la derecha; el primer campanazo fueron los resultados de las elecciones a los Consejos Municipales de Juventud, donde el Centro Democrático ganó ampliamente, mientras el Verde y el Pacto apenas sobrevivieron. Y a este viraje a la derecha del electorado bogotano ha que hacerle un zoom. ¿Cómo explicar que una ciudad como Bogotá, que se beneficia tanto de las políticas salariales dado que es una de las que mayores niveles de formalidad tiene, se haya corrido a la derecha? Para mí, el elemento central es la crisis de seguridad, que aunque se agudizó durante dos gobiernos de centro (López y Galán), no podía desligarse de las políticas de seguridad a nivel nacional, que fue uno de los grandes talones de aquiles del gobierno Petro. Entre la izquierda y la extrema derecha se fustigó sin tregua a la inoperancia de Carlos Galán, pero no le disputamos programáticamente ese tema a la derecha y le dejamos ese espacio para que ellos lo llenaran.

6. Si la izquierda no se pone seria a construir un programa y un discurso en materia de seguridad, va a ser difícil que esas capas medias, tan aspiracionales como paranoicas de perder lo conquistado, nos puedan apoyar. Y para ello, la izquierda debe ofrecer un programa y un discurso que vaya más allá del discurso de que la inseguridad se combate con inversión social. Es cierto que la médula del problema es ese y la desigualdad y resentimiento social que ella provoca, pero en el corto plazo, mientras la inversión social hace lo suyo, se necesita una política para combatir el crimen, porque finalmente en muchos casos las víctimas del crimen también son gente del común y no "ricos" u "oligarcas"; sumado a ello, una política seria de combate a la impunidad, y una verdadera política de resocialización.

7. En todo caso, no podemos dejar contagiarnos por el pesimismo. Precisamente las derechas económicas, sociales y políticas nos quieren llevar a creer que su victoria fue contundente, sin atenuantes, y eso no es así. Hoy las izquierdas y sectores democráticos cuentan con más herramientas, más experiencia, más capacidad y mayor cobertura nacional como para desarrollar una agenda de oposición a los intentos autoritarios del nuevo gobierno. Aquí nadie debe bajar la cabeza. No hay tiempo para el pesimismo!

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