Por: Edwin Andrés Martínez
Lo de La Silla Vacía y la
denominada "Operación Júpiter", nombre por demás estrafalario, pone
en evidencia muchas cosas a propósito del papel de muchos medios de
comunicación en Colombia:
1. Asistimos a una época de aguda
lucha de clases en Colombia, al interior del Estado, pero también en el terreno
de la "sociedad civil". La preocupación de sectores del
establecimiento por "la crisis" nacional, y el intento de desarrollar
los "talleres democráticos" en las empresas, son la respuesta a la
disputa hegemónica que se ha abierto en la conciencia política de los
trabajadores. Las gentes del común han logrado ubicar claramente cuáles son los
sectores políticos que representan sus intereses y cuáles son contrarios a
estos. En el marco de este gobierno del cambio, los trabajadores han sentido
que por fin tienen un gobierno y un Ministerio de trabajo que vela por sus
derechos, que ha puesto en cintura a las empresas que abusan de su poder para
imponer condiciones laborales y salariales indignas.
2. Frente a las políticas
gubernamentales que han mejorado las condiciones materiales de la clase
trabajadora, a través de la política salarial, de las reformas laboral,
pensional y demás, el empresariado colombiano reacciona creando espacios dentro
de sus propias empresas, para tratar de contrarrestar la politización a favor
del cambio que ha venido haciendo mella en sectores importantes de los
trabajadores. Los tales "talleres democráticos", que han puesto en
contubernio a Probogotá, empresarios, lobistas y a un medio como La Silla
Vacía, son la expresión de esa preocupación. En suma, los "talleres
democráticos", son el intento desesperado del capital y del empresariado
por revertir esta situación y tratar de vender la idea de que los intereses del
capital son también los intereses de la clase trabajadora, y que cualquier cosa
que afecte las ganancias del capital, afecta a los trabajadores.
3. En ese marco, la participación
de La Silla Vacía, ejecutando unos talleres y piezas comunicativas, no se puede
leer como un ejercicio neutral e independiente de la campaña electoral, como el
mismo medio ha querido señalar. Los productos de La Silla, en los que se habla
de crisis, ya tienen una posición ideológica detrás y, por supuesto, una
posición política acerca de cuál sector político o cuál gobierno es el causante
de la crisis y a quién está afectando la supuesta crisis que vive el país. No
necesitan poner el nombre de Paloma Valencia como la candidata que cumple el
perfil del líder que, según La Silla, necesita el país ante la
"crisis" , ni necesitan poner el nombre de Iván Cepeda para hablar
del candidato que les repulsa. Lo hacen veladamente y por eso de forma
socarrona La Silla puede decir que "no es un producto para una campaña
política".
4. El mismo hecho de que La Silla
hable de "crisis", ya es una apuesta política, porque se corresponde
con la lectura que, durante 4 años, ha hecho la oposición al gobierno Petro
sobre la situación del país. ¿Cómo no pensar que hablar de crisis es una
posición política de clara oposición al gobierno nacional, si es un hecho la
disminución de la pobreza, del desempleo, el aumento del nivel de ingreso de
los deciles más pobres de la población, el incremento en la entrega de tierras,
los avances en transición energética, entre otros grandes logros económicos y
sociales que se han obtenido bajo este gobierno?
5. En muchos casos, cuando tienen
una estrecha relación con poderes económicos o políticos, los medios de
comunicación no son contrapoder, sino que HACEN parte del poder, a veces con
relativa independencia, a veces siendo más funcionales a las apuestas de sus
dueños, como es el aberrante caso de la Revista Semana. Ese caso extremo de
Semana hace más grave aun la actitud de medios como La Silla Vacía, que le
venden a la opinión pública una imagen de neutralidad política e independencia
respecto a poderes fácticos, pero que en la práctica actúa como un actor
político más en plena campaña electoral. Ya varias personas habían detectado
cómo La Silla abandonó al centrismo de Fajardo, y se decantó por Paloma
Valencia.
6. Ampliando el punto anterior,
invito a la gente a revisar la forma como La Silla ha venido cubriendo a los
candidatos presidenciales, especialmente a los tres que encabezan la intención
de voto: las notas sobre Cepeda y De La Espriella siempre están llena de
adjetivaciones tipo "militancia radical", "el trumpismo
colombiano", etc; mientras que las notas sobre Paloma Valencia usan un
lenguaje ponderado, suave, sin adjetivos, de hecho con elogios velados, como
cuando señala que la candidata "no ha tomado el camino corto" para
llegar donde está; valoración bastante extraña teniendo en cuenta el legado
familiar de la candidata.
7. Todo este contexto sirve para
entender y justificar en parte por qué el candidato Iván Cepeda ha estado
reacio a participar en debates: porque desde la perspectiva de quienes
defienden la continuidad del cambio, no se perciben reglas claras ni escenarios
transparentes para llevar a cabo esos debates. Recordemos cómo en 2022 se hizo
viral ese video que comparaba cómo Luis Carlos Vélez, en ese entonces
periodista de La FM, "entrevistó" a Iván Duque como si fuera su amigo
del colegio, preguntando por su canción favorita y otras frivolidades, mientras
que la entrevista al candidato Petro se hizo con toda agresividad.
8. Finalmente, los medios
deberían transparentar sus agendas, sus apuestas y su visión desde la cual le
hablan a las audiencias. No se les pide necesariamente que renuncien a sus
apuestas políticas, sino que las hagan explícitas como acto de transparencia,
de modo que la ciudadanía tenga claro en qué momento informan, en qué momento
opinan y en qué momento están editorializando las noticias que presentan. No
obstante, no lo van a hacer, precisamente porque el papel de muchos medios de
comunicación corporativos es intentar hacer pasar los intereses del poder
económico y político como si fueran los intereses de toda la sociedad.
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