Por: Santiago Pulido Ruiz
Desde sus trabajos iniciales en Hacia una teoría
del populismo
Los textos laclausianos de los años setenta, en
diálogo con la tradición marxista, se concentraban en el análisis de clases
sociales y en la especificidad de las formaciones económico-sociales
latinoamericanas, todavía con un pie firme en las categorías heredadas de la
crítica de la economía política marxista. Con la publicación de Hegemonía y
estrategia socialista
En este artículo nos proponemos explorar dicho
transito: mostrar cómo Laclau pasó de concebir el «pueblo» como una determinación objetiva (uno de los polos en la
contradicción dominante al nivel de una formación-social concreta) y al
populismo socialista como la forma más avanzada de la ideología obrera
i.
Pueblo y Clase en Hacia una teoría del populismo (1977):
Los
años setenta representa un parteaguas en la historia del pensamiento político
marxista. Por aquellos años,
la izquierda intelectual europea y latinoamericana se vio arrastrada por una
necesidad: reactualizar los presupuestos teóricos del marxismo para analizar el
problema del populismo, la estructura de clases sociales y la especificidad de
las formaciones económico-sociales de la región. En
Política e ideología en la teoría marxista
En
Hacia una teoría del populismo, Laclau
Un
tercer enfoque que intenta superar estas dificultades “a través de la
restricción del término «populismo» a la caracterización de una ideología y no
de un movimiento”
En
este último enfoque Laclau
En
la perspectiva de Di Tella y Germani, el populismo es un marcador de rezago
político: una “forma de expresión política de los sectores populares cuando no
han logrado consolidar una organización autónoma y una ideología autónoma de
clase. A mayor desarrollo corresponderá una organización más clasista y menos
populista”
A
contrapelo del funcionalismo y de la teoría de la modernización, Laclau
La
conclusión que se desprende de esto es la siguiente: “la significación de los
elementos ideológicos identificados con el populismo debe buscarse en la
estructura de la que son un simple momento y no en paradigmas ideales”
El
carácter de clase de una ideología, sostiene Laclau
Es,
en palabras de Laclau
Una
clase es dominante y hegemónica en la medida no tanto que logra imponer una
concepción uniforme del mundo al conjunto de la sociedad, sino en tanto “logra
articular diferentes visiones del mundo en forma tal de que el antagonismo
potencial de las mismas resulte neutralizado”
Justamente,
es la disputa por la hegemonía la que permite que pueblo y clase operen bajo un
mismo horizonte estratégico: “un discurso populista puede hacer referencia a la
vez al pueblo y a las clases (presentando, por ejemplo, a una clase como
realizadora histórica de los intereses del pueblo)”
1.
La contradicción constitutiva del populismo, a saber, pueblo vs bloque de poder
“es un antagonismo cuya inteligibilidad no depende de las relaciones de
producción, sino del conjunto de las relaciones políticas e ideológicas de
dominación constitutivas de una formación social determinada”
2.
“Si la contradicción dominante al nivel del modo de producción constituye el
campo especifico de la lucha de clases, la contradicción dominante al nivel de
una formación social concreta constituye el campo especifico de la lucha
popular-democrática”
3.
“Como, sin embargo, la lucha de clases tiene prioridad sobre la lucha
popular-democrática, esta última solo se da articulada a proyectos de clase.
Pero, a su vez, como la lucha política e ideológica de las clases se verifica
en un terreno constituido por interpelaciones y contradicciones que no son de
clase, esa lucha solo puede consistir en proyectos articulatorios antagónicos
de las interpelaciones y contradicciones no clasistas”
A
partir de estas tres conclusiones, Laclau construye su idea de la doble
articulación del discurso político, es decir, la articulación de la ideología
popular-democrática al socialismo. La transformación de la potencialidad
antagónica de la democracia en espontaneidad de masas depende de una condición
histórica que va más allá de la lucha popular-democrática: del surgimiento de
una clase, como fuerza hegemónica, cuyos intereses confronten el régimen
existente de Estado. “Solo el socialismo representa la posibilidad de pleno
desarrollo y superación de la contradicción pueblo/bloque de poder”
El
populismo consiste, siguiendo el argumento de Laclau
Lo
anterior permite concluir que pueblo y clase constituyen, en los primeros
trabajos de Laclau, polos de contradicciones diferentes, pero que se encuentran
atados al mismo discurso político. “Mientras la contradicción de clase
determina el principio articulatorio de dicho discurso -aquello que le da su
singularidad específica en un campo ideológico determinado- la segunda
representa un momento abstracto que puede ser articulado a los más diversos
discursos de clase”
El
movimiento en la dialéctica pueblo – clase consiste en que la clase no puede
ser hegemónica sin integrar al pueblo a su discurso, “y la forma específica de
esa articulación, en el caso de una clase que para afirmar su hegemonía debe
enfrentarse al bloque de poder en su conjunto, será populismo”
ii.
El giro ontológico de Laclau: el problema de la clase y el pueblo en Hegemonía
y estrategia socialista (1987) y La razón populista (2005):
Con
la publicación de Hegemonía y estrategia socialista
i. Crítica al reduccionismo de clase: Laclau se
distancia de la premisa clásica en la cual (a.)
todo sujeto es, en última instancia, un sujeto de clase; (b.) cada clase
posee su propia ideología paradigmática; (c.) todo elemento ideológico se
encuentra necesariamente adscrito a una estructura de clase
ii. Relectura
de la hegemonía: el concepto gramsciano de hegemonía deja de entenderse como
dirección política de una clase sobre otra o, como vimos en el anterior
apartado, como articulación de discursos del orden de los dominados, para
convertirse en una disputa discursiva por el sentido. El eje analítico no se
encuentra en las relaciones estructurales de la ideología a nivel de la
estructura de clases, sino en la capacidad de los discursos por articular
demandas sociales heterogéneas bajo un mismo significante hegemónico.
iii. Renuncia
a la totalidad dialéctica del marxismo: frente a la idea marxista de la
sociedad como una totalidad estructurada y dialécticamente articulada, Laclau
sostiene que toda configuración social está marcada por la incompletud y la
imposibilidad de clausura total. El orden social, en consecuencia, es siempre
parcial, precario y susceptible de ser rearticulado.
iv. Adscripción
al posfundacionalismo: como consecuencia de lo anterior, Laclau adhiere
teóricamente a la perspectiva posfundacional, en la cual no existen fundamentos
últimos de lo social. Todo fundamento es resultado de un conjunto de prácticas
políticas y discursivas contingentes, lo que implica reconocer que la política
se juega en la constante disputa por establecer, aunque de manera siempre
inestable, aquello que opera como principio de organización y articulación
social.
Hegemonía
y estrategia socialista
Atrás
quedaba la idea de que el populismo socialista era la forma más avanzada de la
ideología obrera. En su lugar, surge el populismo como una lógica de
construcción discursiva de fronteras dicotómicas (ellos vs nosotros o pueblo vs
élite), es decir, se trata de una capacidad performativa del discurso para
articular demandas heterogéneas bajo un significante común que constituye al
“pueblo” como sujeto político. En La razón populista, Laclau
-
Primero, como una ontología de lo social, esto es, como un modo de concebir la
constitución misma de lo político: “el populismo es la vía real para comprender
algo relativo a la constitución ontológica de lo político como tal”
-
Segundo, el populismo se expresa en el plano óntico de la práctica política, en
tanto lógica que produce un antagonismo fundante del orden social. Esto se
traduce en la fractura del campo social mediante una frontera dicotómica y en
la búsqueda de significantes capaces de ocupar -de manera siempre incompleta y
contingente- el lugar de un fundamento universal.
-
Tercero, el populismo es un proceso de constitución de sujetos e identidades
políticas. Un ejemplo es el de la categoría Pueblo, que funciona como un
significante vacío atravesado por demandas heterogéneas y prácticas
discursivas, y que habilita la emergencia de nuevas subjetividades políticas
capaces de disputar la hegemonía.
Partiendo
de estos tres supuestos, Laclau
Esta
renovación teórica del populismo parte del giro que Laclau y Mouffe emprendieron
a fines de los ochenta a partir de la noción de juegos del lenguaje de
Wittgenstein (para señalar la imposibilidad de establecer una distinción entre
lo lingüístico y lo extra-lingüístico). Todo objeto, sostienen, se constituye
como objeto discursivo, de modo que ninguna demanda emerge al margen de las
condiciones discursivas que la hacen posible
Laclau
El
lenguaje constituye, en ese orden de ideas, la condición de articulación del
mundo social. Para Laclau y Mouffe, “el discurso es el conjunto de fenómenos
que interactúan en la producción social de sentido que configuran a una
sociedad”
Sobre
esta base, se configura una teoría del poder que presenta dos dimensiones
complementarias: por un lado, el poder se manifiesta en el entramado de las
relaciones sociales (Mouffe); por otro, se ejerce a través de la capacidad de
dividir y rearticular discursivamente el campo social (Laclau). Las
configuraciones discursivas no son, en ese sentido, meros reflejos de prácticas
preexistente, sino la condición misma de posibilidad tanto de los significados
como de las prácticas sociales[1]. Dicho de otro modo, los
efectos del poder se expresan de manera indisociablemente política y
discursiva: el lenguaje no es un simple apéndice del poder político, sino una
de sus formas constitutivas.
iii.
Una reflexión a propósito del contrapunteo en la obra de Ernesto Laclau:
A
lo largo de este artículo, hemos abordado las transformaciones
teórico-conceptuales en la obra de Ernesto Laclau. Se ha intentado de trazar un
desplazamiento central en su producción: el paso de una gramática analítica
centrada en la articulación entre pueblo y clase -donde el populismo se
entiende como una forma política de articulación en la que puede converger
interpelaciones democrático-populares y clasistas- hacia una gramática
ontológica del lenguaje, en la que la política y la socialidad se constituyen
discursivamente. Este desplazamiento no es simplemente nominal, sino que
implica una prioridad analítica. Mientras sus escritos de los setenta subrayan
la relación entre contradicciones sociales y la conformación de sujetos
colectivos -todavía en diálogo con las categorías del marxismo-, los textos
posteriores a Hegemonía y estrategia socialista
Sin
embargo, este distanciamiento con la tradición marxista no cierra la
posibilidad de un reencuentro entre el marxismo y el populismo. En los setenta,
la noción de pueblo coexiste con la de clase bajo una relación de codependencia
estratégica: la clase solo es hegemónica si incorpora al pueblo; el pueblo solo
existe articulado a proyectos de clase. De allí surge la idea de una doble
articulación del discurso político que todavía permite pensar las luchas
populares dentro de un horizonte que supere las relaciones de
explotación-dominación clasista. Pese a esta ruptura con el pensamiento
marxista, la obra de Laclau no constituye una negación absoluta respecto a sus
primeros trabajos, sino una reelaboración teórica y una síntesis crítica entre
estructura y discurso.
Su
crítica a la idea de totalidad orgánica de lo social es ejemplo de esto. Tanto
su producción teórica de los años 70’ como de fines de los 80’ confronta la
noción de totalidad naturalizada -un tejido social cerrado cuyos vínculos se
presentan como dados y necesarios- por naturalizar las jerarquías sociales y legitimarlas
como inevitables. En el caso de Hacia una teoría del populismo
Recordemos
que su propuesta en los setenta, aún pensada en clave marxista, no consistía en
entender el populismo como un continuum de rasgos y actitudes, sino como
una serie discontinua de estructuras. La configuración de identidades y
sujetos colectivos no responde, en ese sentido, a la evolución lineal de
estructuras productivas o al enraizamiento orgánico de vínculos de tipo
tradicional, sino al proceso de transformación, articulación y desarticulación
del campo ideológico. En ese movimiento adquiere centralidad la noción de
articulación: el populismo aparece como una forma especifica de condensar
antagonismos y, más tarde, en La razón populista
Al
tomar distancia de las lecturas de clausura totalizante de la sociedad, Laclau
desnaturaliza los lazos sociales y abre el campo a la contingencia: las
identidades, los significantes y los fundamentos sociales son siempre producto
de prácticas históricas y discursivas que pueden ser disputadas. Por eso, su
teoría, luego de los noventa, adscribe al pensamiento posfundacional: es una crítica que libera la imaginación
política al mostrar que las relaciones sociales no están predefinidas ni
predeterminadas, sino que son relaciones políticas sujetas a transformaciones y
que el cambio político no requiere recurrir a fundamentos últimos sino a
rearticulaciones contingentes, es decir, históricas y políticas.
Bibliografía
Heredia, E. (2016). La Teoría del
discurso de Laclau y su apliación al significante "La Paz". Analecta
política, 208-303.
Laclau,
E. (1977). Política e ideología en la teoría marxista. Capitalismo,
fascismo y populismo. Madrid: Siglo XXI.
Laclau,
E. (1978). Hacia una teoría del populismo. En E. Laclau, Política e
ideología en la teoría marxista. Capitalismo, fascismo, populismo (págs.
165-233). Madrid: Siglo XXI.
Laclau,
E. (2005). La razón populista. Buenos Aires: Fondo de Cultura
Económica.
Laclau,
E., & Mouffe, C. (1987). Hegemonia y Estrategia Socialista. Hacia una
radicalización de la democracia. Madrid: Siglo XXI.
Miliband,
R., Poulantzas, N., & Laclau, E. (2021). Estado, clase dominante y
autonomía de lo político. Un debate marxista sobre el Estado capitalista.
Barcelona: Viento Sur - SYLONE.
Retamozo,
M. (2017). La teoría política del populismo: usos y controversias en América
Latina en la perspectiva posfundacionalista. Latinoamérica, 121-151.
Zavaleta-Mercado, R. (2015). La autodeterminación de las masas. México D.F.: Siglo XXI.
[1]
Vale la pena resaltar que
ambos autores inscriben el lenguaje dentro de la teoría del discurso y no del
análisis discursivo. El primero permite comprender el rol instituyente del
lenguaje, mientras en el segundo el lenguaje es instrumental, se buscan
regularidades en su uso.
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