Por: Josías Misael
Así como el modelo neoliberal favorece la expansión de empresas privadas —incluidas las del sector minero—, resulta imprescindible situar este comportamiento del capital dentro de una temporalidad histórica más amplia que remite al momento de la colonización en 1492. Fue con la llegada del imperio español que se instauraron, por la fuerza, relaciones de producción correspondientes al largo y violento periodo y proceso de acumulación originaria del capital. La expansión política del imperio español, orgánica a las necesidades acumulativas del capital, convirtieron al Abya Yala en un espacio fundamental para la extracción de materias primas llevadas hacia los mercados europeos.
De esa manera se establecieron relaciones económicas centro-periferia, las mismas de las que se sirven las empresas en la arquitectura neoliberal para sacrificar las tierras
en nombre de la acumulación. Esta estructura de subordinación no fue superada
con el fin del feudalismo en Europa, ni con las victorias independentistas en
América Latina, ni con la consolidación del capitalismo en Europa y América
Latina, mucho menos con la llegada del neoliberalismo —como etapa dentro del
mismo capitalismo—. Al contrario, el neoliberalismo ha reorganizado la relación
histórica de subordinación y dominación del Abya
Yala que actualmente se expresa en una arquitectura económica de dependencia.
La región fue sometida e insertada en el mercado mundial y
quedó estructurada de modo que su producción se encuentra condicionada por las
necesidades de materias primas de las economías productoras centrales. Es
decir, mientras que las economías centrales acumulaban capital constante, las
economías periféricas sometidas a la especialización de la producción de
materias primas reproducían una condición de dependencia por sus incapacidades
productivas frente a las economías centrales. Actualmente, esta dinámica de
dependencia centro-periferia continúa alimentando el poder de las empresas
transnacionales[1] y facilita su expansión.
Para comprender este elemento histórico y estructural
—económico y político a la vez— resulta indispensable acudir a la teoría
marxista de la dependencia (TMD), la cual permite desentrañar los mecanismos a
través de los cuales América Latina ha sido insertada, desde su colonización en
1492, en una posición estructuralmente subordinada dentro del sistema
capitalista mundial.
Esta perspectiva resulta especialmente relevante para el
análisis de los conflictos mineros de la actualidad, ya que, mediante la
explicación de la economía política, la expansión de las empresas
transnacionales del sector extractivo no es un fenómeno reciente ni
exclusivamente económico, sino la continuidad histórica de un patrón de
dominación y subordinación que se actualiza bajo nuevas formas como la
neoliberal. Es esta lógica de dominación, despojo y expansión del capital la
que arrastra a cientos de pueblos hacia conflictos violentos como los mineros.
La superación de la crisis de los años 70, con la llegada
del neoliberalismo y el poderío del capital ficticio, desencadenó un cambio
estructural que reorganizó las relaciones históricas de subordinación económica
y política entre América Latina y las economías centrales. Sin embargo, si bien
la reestructuración neoliberal reorganizó las relaciones de dependencia, no
alteró las bases materiales de la subordinación histórica, que se beneficia
de ella.
La teoría marxista de la dependencia (TMD) permite
comprender que esta relación de subordinación y dominación estructural
—originada con la colonización— no ha sido desmantelada, sino que, bajo el
régimen neoliberal, ha sido ampliamente reforzada mediante mecanismos
característicos de la estrategia neoliberal como la liberalización y apertura
de mercados, la privatización de sectores estratégicos, la desnacionalización y
la profundización de la vulnerabilidad externa (Carcanholo 2017, 73); procesos
que, en conjunto, configuran lo que Carcanholo (2017, 74) sintetiza como “una
triple composición: transnacionalización, desindustrialización y
reprimarización de las economías dependientes” que abrió las puertas a una
escala sin precedentes de especulación financiera en nombre de la libre
circulación de capitales y reorganizó el papel de las economías
latinoamericanas como región proveedora
de materias primas (Katz 2022, 35; Gago y Mezzadra 2015, 40). En este marco, se
vuelve fundamental analizar los conflictos por minería dentro de las
dimensiones estructurales de la economía política de la dependencia, en tanto
expresa una lucha abierta por parte de los afectados contra todas las fuerzas
que pretenden perpetuar y (re)producir la superexplotación que los condena a
proveer a las economías no dependientes.
En la Tabla 5 se puede observar la acentuación del patrón de
dependencia comercial y la reprimarización de las exportaciones de América
Latina y el Caribe entre 1995 y 2012. Los datos muestran una desintegración
regional evidenciada por la caída de las exportaciones intraregionales (del
7,7% al 5,0%), lo que limita el comercio de bienes industriales y la generación
de valor agregado interno. La región experimentó una profunda reorientación
comercial asimétrica hacia China, cuya participación en las exportaciones
totales se multiplicó (del 0,4% al 5,5%), una expansión concentrada de manera
abrumadora en Productos Primarios (pasando del 1,3% al 5,6% de la categoría a
ese destino). Este fenómeno consolida a ALC como proveedora de commodities y
refuerza la dependencia estructural al someter su crecimiento a la demanda
externa de materias primas y a la volatilidad de sus precios, replicando las
históricas restricciones del desarrollo periférico.
Tabla 5. Relaciones comerciales de dependencia:
Exportaciones de América Latina y el Caribe por región y categoría de productos
Fuente: Carcanholo (2017)
Como lo plantea la literatura especializada:
La teoría marxista de la dependencia es el término por el
que se conoce la visión que interpreta, con base en la teoría de Marx sobre el
modo de producción capitalista, en la teoría clásica del imperialismo y en
algunas otras obras pioneras sobre la relación entre el centro y la periferia
de la economía mundial (Carcanholo 2025, 30)
Por ello, en primer lugar, definimos la situación de
dependencia a la que se enfrenta América Latina y el Ecuador, en función de
encontrarse asediado por el capital minero dadas las amplias reservas de
minerales metálicos en el país, necesarias por las economías no dependientes y
centrales que refinan estos metales extraídos de los países dependientes. En ese sentido Carcanholo (2025, 37) define
la situación de dependencia como:
Una situación en la que una economía estaría condicionada
por el desarrollo y expansión de otra a la cual está subordinada y que se
expresaría en el hecho de que la economía dominante puede expandirse de forma
autosostenida con contradicciones dialécticas, como es característico del
capitalismo mientras la dependiente sólo lo haría como reflejo de esa
expansión, o de forma constreñida por la situación de dependencia, teniendo
efectos positivos y negativos sobre su desarrollo (Carcanholo 2025, 37)
En el caso ecuatoriano, la situación de dependencia se
expresa en una estructura económica que no responde a una lógica de desarrollo
autosostenido, sino que se encuentra condicionada por los ciclos, necesidades y
contradicciones de las economías dominantes a las que está subordinada. En este sentido y basado en el comportamiento
histórico del capital es posible afirmar que la soberanía y autodeterminación económica y política
de las naciones dependientes condenadas a la distribución de materias primas no
es posible en el orden capitalista en medida que la condición de dependencia
refleja una condición dialéctica del desarrollo desigual del capital.
Esta inscripción dialéctica en la dependencia es explicada
por Carcanholo (2025, 37) al afirmar que “de esa concepción deriva el
entendimiento de que aquello que se acostumbra a concebir usualmente como
subdesarrollo no es sino una parte necesaria del proceso de expansión del
capitalismo mundial, no pudiendo, por tanto, ser «superada» dentro de sus
marcos”. Por lo tanto, la condición dependencia para América Latina, blindada
por el imperialismo obedece a un principio dialéctico: el “desdoblamiento
propio de la lógica de funcionamiento de la economía capitalista mundial”
(Carcanholo 2025, 30) o lo mismo que decir que los variados niveles de
desarrollo capitalista de determinadas economías son consecuencia de la forma
desigual de la acumulación mundial (Carcanholo, 2017, 3). De ahí que Katz
(2022, 38) en un lúcido entendimiento afirmó que “el capitalismo no es un campo
abierto a la prosperidad de los más brillantes, sino un orden estratificado que
inhibe el bienestar colectivo. Como no hay lugar para todos, el desarrollo de
algunas economías se realiza a expensas de otras”. De ahí que existe una
relación directa entre soberanía revolucionaria y ruptura del pesar histórico
de la dependencia.
La condición económica y política de la dependencia es la
que mantiene subordinado al Ecuador y a la región en medida que 1) la evolución
económica de la región depende de su relación con las naciones no dependientes,
y 2) su condición de “subdesarrollo” es una expresión del desarrollo desigual
del capital. Por ello, lo que se tiene presente en este trabajo es la
justificación dialéctica de que para que exista una nación con riqueza es
necesario que exista una nación explotada y saqueada que se la provea.
La relación de dependencia es extrapolación a escalas
nacionales de la imposición de relaciones de producción entre capitalistas y
trabajadores. Se establecer un apéndice teórico clave de la dependencia: una
relación de explotación y subordinación a la que distintas líneas teóricas
llaman la relación entre el centro y la periferia, expresión mundial de la
unidad dialéctica de los explotados y los explotadores. En este sentido, como
plantea Marini (1973, 18) se habla de una “relación de subordinación entre naciones
formalmente independientes, en cuyo marco las relaciones de producción de las
naciones subordinadas son modificadas o recreadas para asegurar la reproducción
ampliada de la dependencia”.
Es decir, una estricta relación tipo centro-periferia basada
en la explotación de recursos primarios que por la lógica de desarrollo
desigual del capital (re)produce la extracción y provisión continua de plus
valor, y, por ende, la acumulación continua de riqueza de las naciones
centrales no dependientes. La relación de exportación de recursos primarios de
América Latina frente a las economías o nacionales centrales refleja un
comportamiento estructural y no coyuntural que asegura la transferencia de valor
desde las economías dependientes como el Ecuador por medio de relaciones de
explotación entre el centro y la periferia. Estas relaciones son las que dan
forma a la arquitectura de la dependencia u organización capitalista de la
economía mundial. Esta relación produce conflictos específicos y locales como
lo son los conflictos mineros. Por ello, los conflictos mineros no pueden
entenderse de forma aislada, sino como parte de una totalidad estructural que
remite al carácter funcional e histórico de la misma totalidad del capitalismo.
De ahí que Silva (1978, 186) inspirada en la lectura de Luxemburgo sobre la
acumulación mundial y el imperialismo afirmara que:
Antes de pasar a la visión global que pueda llevarnos a la
síntesis de su totalidad, que no es otra que la síntesis del sistema
capitalista mundial visto como totalidad histórica que contenía tanto a un polo
capitalista desarrollado como a un polo atrasado y dependiente en su
desarrollo, ambos unidos por un sistema de relaciones que hacía de cada polo un
aspecto imprescindible para explicar al otro. (Silva 1978, 186).
Por ello, se subraya que la dependencia tiene por naturaleza
un “desarrollo desigual y combinado de las leyes de funcionamiento del capital
en distintas partes del mundo” (Carcanholo 2017, 37). No es solo una relación
de explotación entre naciones en un sentido plano o abstracto, sino una
extrapolación ampliada de la relación entre clases sociales, puesto que los
beneficiarios de la amplia arquitectura de la dependencia son una minoría
privilegiada de las regiones centrales (Branca 2024, 12). Un complejo comportamiento
de la lógica del capital que inspira una lectura económica actual a escala
global: el desarrollo desigual de las naciones oprimidas. De ahí que:
Para Marx, la «nación», sin caracterizarla como un espacio
específico de valorización del capital, constituye una falsa abstracción. Eso
significa que la categoría central del análisis es el capital (entendiéndolo
como la circulación capitalista de mercancías con base en la relación social de
compra–venta de la mercancía fuerza de trabajo), y no la «nación», de forma que
la situación de dependencia es promovida por un desarrollo desigual y combinado
de las leyes de funciona miento del capital en distintas partes del mundo.
(Carcanholo 2025, 37)
De este modo, la teoría marxista de la dependencia permite
comprender que las relaciones y desarrollo desigual de América Latina frente a
las economías centrales no dependientes no es un producto aislado, sino el
resultado histórico de la relación dialéctica entre las economías centrales
desposeedoras frente a las economías periféricas desoposeídas. La relación de
dependencia es el resultado de una articulación específica entre las economías
periféricas —orientadas a la explotación y exportación de recursos agromineros—
y la lógica de acumulación del capital a escala mundial. Esta forma se
caracteriza por relaciones de subordinación estructural que condicionan y
limitan las posibilidades de acumulación nacional y el desarrollo autónomo, es
decir, un desarrollo no dependiente de las economías centrales; un problema de
la soberanía.
Estas relaciones, que son históricas y que han sido
reorganizadas con la llegada del neoliberalismo no son una anomalía que deba
corregirse o que pueda romperse sin enfrentar al imperialismo, sino que,
constituyen un papel y mecanismo orgánico y propio del capitalismo mundial que
garantiza, a través del desarrollo desigual, la reproducción de los centros de
acumulación en detrimento de las periferias. Por tanto, comprender los
conflictos económicos y políticos contemporáneos como los conflictos mineros en
el Ecuador exige incorporar este marco estructural, que revela cómo, desde
escalas locales, los territorios bajo asedio minero están insertos en una
arquitectura global que perpetúa su condición de dependencia al ofrecer todas
las ventajas estructurales para facilitar y reclamar su explotación y, con
ello, la expansión continua del capital minero transnacional.
Referencias bibliográficas
Carcanholo,
Marcelo. 2017. «Dependência, Super-explotación del trabajo y crisis: una
interpretación desde Marx». Argumentum 9 (3): 165-69.
Katz, Claudio. 2022. Dependency Theory after Fifty
Years: The Continuing Relevance of Latin American Critical Thought. Studies
in Critical Social Sciences, volume 207. Brill.
Gago,
Verónica, y Sandro Mezzadra. 2015. Para una crítica de las operaciones
extractivas del capital.
Carcanholo,
Marcelo. 2025. Apuntes
Marini,
Ruy Mauro. 1973. Dialéctica de la dependencia. En CLACSO. https://resistir.info/livros/marini_dialectica_de_la_dependencia.pdf
Silva,
Ludovico. 1978. ANTI-MANUAL para uso de marxistas, marxólogos y marxianos.
3.a ed. Monte Avila Editores C.AA.
Branca,
Ayelén. 2024. «La categoría de imperialismo en las formulaciones iniciales de
la Teoría Marxista de la Dependencia». Revista Paginas 17 (43).
https://doi.org/10.35305/rp.v17i43.920.
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