Por: Andrés Gómez

La represión a la protesta social ha sido la constante como política principal de los gobiernos colombianos para el tratamiento a la manifestación social, acallar las masas que a lo largo de la historia han defendido y reivindicado sus derechos. El paro cívico de 1977 era el referente de movilización social más importante hasta el momento, puesto que logró reformas político económicas con un alto precio, el lamentable asesinato de por lo menos 30 manifestantes, más de 500 heridos y miles de detenidos. El paro del 21N se presentaba como una gran huelga general de acciones colectivas que posicionaron el debate de la implementación de los acuerdos de paz y de profundas reformas socioeconómicas que necesita la sociedad colombiana contra la desigualdad, pero la pandemia del Covid-19 puso pausa a las manifestaciones.

El 28A se configura como la continuación de las movilizaciones del 2019 y 2020. Las acciones que ha tomado el gobierno uribista se configuran en una deriva dictatorial que develan el rostro de un uribismo decadente, proyecto político y social que tiene sus horas contadas. Bajo las condiciones actuales, este partido de ultraderecha que viene perdiendo fuerza y aliados políticos, están prestos a imponer a sangre y fuego, bajo la bota militar, las reformas regresivas. Es una guerra que le han declarado al pueblo Colombiano, a la gran mayoría que se cansó de las políticas neoliberales que recargan fiscalmente a la clase media y baja, empobreciendo grandes capas de la sociedad, dejando a los ricos y mil millonarios sin pagar impuestos y disfrutando del trabajo de los asalariados.

A la fecha van 43 víctimas de violencia homicida por parte de las fuerzas militares, 2.387 casos de violencia policial en los cuales se relacionan armas de fuego, 18 registros de violencia sexual a mujeres, entre otras; cifras que lamentablemente siguen creciendo. Aún con la presión internacional por el uso excesivo de la fuerza y el tratamiento militar a la protesta, el gobierno uribista sigue señalando y deslegitimando a quienes salimos a las calles a defender la democracia, ven en este periodo presidencial, su última oportunidad de ser gobierno, y como buenos animales que ven perdida su vida política, están dispuestos a matar, antes de que los acaben electoralmente y se les acabe el reinado.

Una de las tantas preguntas que rondan estas incesables noches de terror estatal, es acerca de la perspectiva del paro, si se debe negociar con el uribismo, o si por el contrario tenemos que seguir en las calles defendiendo la democracia de esta deriva dictatorial.

A mi modo de ver, hay varias salidas a las que podría llegar esta movilización social. Descartando de plano la salida institucional a modo de negociación por parte del establecimiento, todas las acciones han profundizado la deriva dictatorial con el tratamiento de guerra a la protesta, muestra de ello es el despliegue de blindados, helicópteros y pie de fuerza militar en el Valle del Cauca y las regiones más movilizadas, aunado a la nueva táctica de judicialización que pretende desmovilizar de otra manera a la organización social; el ánimo del gobierno nacional no es la negociación, sino el desgaste social por medio de la represión y la desmovilización social a causa de los anuncios falaces que ha realizado en los últimos días, entre estos los subsidios a la nómina de un nuevo programa de reactivación laboral para jóvenes y el programa de vivienda VIS para jóven entre 18 y 28 años, en este punto hay que partir de la idea de no cumplimiento de lo anunciado, así cómo ha sucedido con la implementación del acuerdo de paz y los acuerdos de los paros recientes, como el estudiantil del 2018.

Cada día, Duque y su ministro de guerra profundizan el conflicto social tomando peores decisiones, cada vez se violan más los DD.HH. No ha importado los llamados de los organismos internacionales a garantizar el derecho a la protesta, ni salvaguardar la vida de los nacionales que se manifiestan; sino por el contrario, aplican acciones de guerra guiadas por lecturas políticas erroneas en concordancia con su imaginario demente y criminal; creen que quienes están en las calles van a acabar con el sistema, y no es así, quienes están en las calles, solo están pidiendo garantías socioeconómicas y políticas para vivir dignamente.

1. La primera salida podría resultar en el desgaste de la movilización, por varios factores. En primera medida, producto de la fuerte represión estatal que se ha visto recrudecida, se vería menguada la presencia de los sectores sociales que han sido constantes en las calles, por miedo a morir, ser judicializado, perder un ojo, ser agredidos sexualmente por la policía, entre otras acciones reprochables que hemos visto por parte de las fuerzas militares.

La poca garantía en materia de representatividad también es un factor clave en esta huelga general, los jóvenes no nos sentimos representados en el Comité Nacional de Paro, existe un rechazo de los jóvenes, al liderazgo por las alturas que viene realizando el CNP, no representan el sentir juvenil, son sindicalistas que llevan años usufructuando las coyunturas sociales, vendiendo los paros y sacando provecho de ellos. Por otro lado, pero relacionado con lo anterior, el factor negociación que tiene el Comité Nacional de Paro en la mesa de negociación, es poco, producto de la visión que tiene el uribismo acerca del paro nacional en curso.

Por los factores anteriormente enunciados, esta huelga general se puede decantar en manifestaciones por ciclos, es decir, semanas de manifestaciones intensas y otras de inactividad de la movilización hasta que lleguemos a las elecciones del 2022, claramente en confrontación con las acciones militaristas del gobierno. 

2. Otra salida relacionada con los factores anteriores (represión estatal y representatividad-negociación del CNP) pero con un desenlace totalmente diferente a movilizaciones por ciclos, es la estribación en el desgaste total y la desilusión de los sectores movilizados. Esta salida le podría dar la opción al uribismo de imponer reformas regresivas, con nuevos nombres, pero similares en funciones y objetivos de las ya desacreditadas en el marco de esta huelga; además de imponer un poder militar mucho más agresivo bajo la falacia discursiva de una nueva guerra contrainsurgente y antiterrorista que impida la toma del poder de quienes no son uribistas y no comulgan con sus doctrinas.

3. Por otro lado, existe el interés del uribismo, en que la tesis de combinación de las formas de lucha vuelva y tome fuerza, sería la excusa perfecta para legitimar las acciones y el tratamiento militar que ha venido realizando el gobierno, podemos citar como ejemplo, un video que muestra supuestamente un grupo del ELN bajando de de algún sector de Cali, a realizar acciones contra la fuerza pública y apoyar la manifestación en esa ciudad. Da miedo escuchar esta idea, y que tome fuerza; es lo que quiere y necesita el uribismo para imponer su dictadura y volver a caer en otro ciclo de violencia de 50 años, que acabe con la poca esperanza y sueños de salir adelante, además de acabar con todo lo bueno que traído la implementación del acuerdo de paz.

4. La opción más pertinente bajo las condiciones actuales de disputa por el sentido democrático, es seguir en las calles manifestando masivamente y en paz, el clamor popular, posicionando las demandas regionales que surjan de los espacios asamblearios como referentes organizativos y de base, fortaleciendo la capacidad organizativa para los próximos embates de la oligarquía. Sumado a lo anterior, con todo lo que implica pliegos regionales, debemos seguir llamando a la presión internacional para que el gobierno acepte las investigaciones de organismos internacionales y que se esclarezcan todos los actos que se han cometido por parte de la fuerza pública; además de fortalecer los acercamientos a congresistas estadounidenses para que restrinjan el apoyo y asistencia militar al gobierno.

Las banderas de esta huelga general, deben centrarse en llamamientos a la movilización de masas, es la única opción, la más democrática. Necesitamos movilizaciones masivas y en paz, que hagan el llamado al respeto por la vida y el derecho a la protesta, que entre todos los colombianos podamos respetarnos por pensar diferente, para que algún día, podamos vislumbrar un país en paz y con justicia social.

A las calles a tumbar al gobierno paramilitar

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